miércoles, 10 de agosto de 2011

Comunicando con empatía

imagen: vomm


La inteligencia emocional es algo de lo que hablamos mucho, incorporando el concepto a nuestro día a día pero no siempre aplicamos este conocimiento. En numerosas ocasiones, el fallo que cometemos al no actuar con esta habilidad de saber gestionar emociones (propias y ajenas) ocurre en el ámbito de la comunicación. Y ahí lo estropeamos todo. Porque de nada sirve entender al otro y querer servirle de apoyo si a la hora de manifestar nuestros mensajes transmitimos lo contrario.

No es raro que dos personas con posturas más próximas de lo que parece terminen por discutir sobre una cuestión cuando realmente no hay tanta diferencia entre lo que están pensando. En estos casos suele existir un fallo en la capacidad para transmitir lo que realmente pensamos o para entender lo que nos dice el otro. Creo que la comunicación interpersonal tiene una doble vertiente: transmitir y recibir, y tenemos que poner nuestra voluntad en ambas facetas, especialmente porque las conversaciones se realimentan y el mensaje que dirigimos se convierte en un elemento que causa una respuesta. 

La empatía es un concepto del que también tenemos suficiente conocimiento. Ya no nos extraña que se nos sugiera falta de empatía para diagnosticar la razón de un malentendido. Forma parte de nuestras relaciones y la exigimos a los demás como algo necesario para conectar y mantener una relación personal. Sin embargo, resulta difícil identificarla en aspectos concretos y prácticos. Muchos creemos mostrar empatía con nuestro amigo, pareja... pero, ¿cómo lo estamos haciendo realmente? ¿qué elementos estamos mostrando para actuar con esta habilidad?

En nuestra comunicación podemos identificar fallos comunes que nos podrían mostrar lo contrario: no estamos actuando con empatía. Digamos que podemos sentirnos identificados con el otro pero no le estamos haciendo sentir así. Y la 'culpa' seguramente esté en las fórmulas que utilizamos para comunicarnos con él/ella.

Hay fórmulas de manual, elementos que si los analizamos destilan falta de empatía por todas partes. Y la mayoría de las veces que los usamos no estamos siendo conscientes de su poder 'letal' para situarnos muy lejos de la emotividad de nuestro interlocutor. Y a partir de ahí, difícilmente vamos a conseguir que nuestros matices le interesen porque lo que ha percibido antes de nada es que 'no le entendemos'. Y lo que seguramente tengamos sea una reacción de frustración. Y la frustración es caldo de cultivo para un estado anímico que facilita poco el entendimiento. 

Empatía no quiere decir que estemos de acuerdo con la otra persona. Podríamos considerar la empatía como un componente del entorno comunicativo. En un contexto de empatía podrá darse un intercambio de ideas más libre porque no habrá carga emotiva negativa. La empatía no nos obliga a aceptar todo lo que nos dicen, ni nos obliga a pensar como nuestro interlocutor. Pero si actuamos con empatía tendremos un entorno donde cualquier crítica o argumento en contra podrá ser percibido como algo constructivo, pues no atacará a las emociones, no negará la situacion en la que se encuentra el receptor y mostrará respeto a las emociones que está sintiendo: aunque no las compartamos, las entendemos.

Hay mensajes que arrastran una brutal carga de falta de empatía. Son mensajes inocentes, la mayor parte de las veces. Y solemos no prestar atención al poder emotivo que tienen. Una de estas frases exterminadoras de la empatía es:



"No entiendo por qué te afecta tanto"



Obviamente las cosas nos afectan dependiendo de muchos factores. Desde fuera siempre será difícil ponernos en el lugar de la otra persona, y seguramente sea de mucha ayuda que una visión externa, con más perspectiva, nos diga que el problema no es tan grave y que seguramente tiene arreglo. Pero con esta frase el problema o la cuestión queda reducida a una minucia y la 'culpa' recae en la propia persona. Si hablas con alguien que te dice no entender por qué algo te afecta es muy probable que cualquier intercambio de ideas resulte inútil. Primero, por la falta de entendimiento que vamos a encontrar al otro lado, en el aspecto emocional de cualquier situación, que es la parte que más difícil nos va a resultar gobernar porque las emociones no funcionan con la lógica de la razón. Segundo, porque en este mensaje hay implícito una señal de 'te equivocas'. Digamos que con esta frase lo que recibimos es que nuestras emociones, además, son incorrectas. Y si estamos hablando de emociones negativas, de algo que nos duele, nos incomoda o nos supera, tener que aceptar que la culpa es nuestra no ayuda a digerirlas, elaborarlas y procesarlas. 

Creo que hay fórmulas más acertadas para decir lo mismo sin caer en la falta de empatía. Tal vez: 

"Seguro que si lo miras con perspectiva, podrás con ello y te sentirás mejor."

"Entiendo que te afecte pero vamos a ver qué cosas se pueden hacer para que deje de hacerte daño".

¿Por qué no transmitir la misma idea sin la connotación negativa que tiene el primer mensaje? Especialmente porque la empatía es gratuita... si la tenemos, será estupendo mostrarla. Pero si no la sentimos, no es necesario transmitir esta ausencia. A veces, el silencio es mejor mensaje que una frase con una carga emotiva que solo transmite inseguridad, culpabilidad y sensación de error. Si queremos que la otra persona afronte un problema que le vence, podemos contribuir creando un contexto en el que reciba apoyo para sentirse más segura, más capaz y más fuerte. No justamente lo contrario. 

Y esta capacidad, entre otras cosas, es una de las características que define a una persona con verdadera inteligencia emocional: ser capaz de identificar la carga emotiva de las situaciones y manejarla para obtener el resultado que se persigue. Usar la emotividad de forma constructiva. Es complicado, claro que sí, pero siendo conscientes de ello seguro que estaremos más cerca de lograrlo. 

sábado, 30 de julio de 2011

LECTURAS :: 'La tía Mame'



"Un niño de diez años queda huérfano en la poco edificante América de mil novecientos veinte y es puesto bajo la potestad de una dama excéntrica, obsesionada por estar à la page, vital, caprichosa, seductora y adorable. Junto a ella, pasará los siguientes treinta años en una espiral incesante de fiestas, amores, aventuras y diversos golpes de fortuna."

Con este resumen nos adentramos en el caótico mundo de la tía Mame, de la mano conductora del propio Patrick, quien nos va narrando su infancia, adolescencia y juventud, marcada por el momento en el que fue puesto bajo la tutela de esta especial mujer. Mame es una rica soltera de Nueva York que vive el paso de los felices años veinte a la difícil década de los treinta. En esos momentos su vida se aferra a mantener un ritmo y unas costumbres que resultan cada vez más insostenibles. El pequeño Patrick se irá acostumbrando a la poca noción de la realidad que tiene su tía, combinada con una determinación brutal que le permite sobreponerse a las consecuencias de no ser una adulta precisamente responsable. 

Mame es la la típica persona que uno querría tener como amiga pero de la que huiríamos en caso de tener que depender de ella o tutelarla. Patrick comienza siendo su pequeña 'obra social' para convertirse en el freno de sus locuras y excentricidades. Por el hogar (o, mejor dicho, hogares) de Mame irán desfilando toda una corte de personajes variopintos, clichés de la época que son reflejados con humor y tono satírico, gracias a la habilidad de su autor, Patrick Dennis (el libro está narrado en primera persona y este es el pseudónimo de Edward Everett Tanner III, icono de la bohemia de Nueva York y uno de los escritores norteamericanos más populares de los años cincuenta y sesenta). La tía sucumbirá a los encantos de estos personajes carismáticos, sus ideas, sus modos de vida...  El modo de sostener semejante ritmo de vida será un problema con frecuencia, pero esta mujer resuelta y decidida no hará nunca un problema de ello, por delante estarán sus convicciones (tan variables como una veleta) y sus recursos para resolver recurriendo a ideas desesperadas o dejándose ayudar cuando así conviene.

El resultado es una vida, cuanto menos, apasionante, y una educación un tanto peculiar que resulta no ser tan dañina como cabríamos sospechar. De hecho, para mí el optimismo del libro y su tono positivo viene marcado por este punto: una lección de sentido común y apuesta por la libertad del ser humano, ya que el ambiente influye en la personalidad de Patrick pero no se echa a perder por haber crecido en medio de la falta de orden, los caprichos, los cambios y las influencias tan variadas que rodean la vida de su tía. Podría decirse que en este enfrentamiento entre rigor y excentricidad, se defiende que la fortaleza de influencias como la lealtad, las ganas de seguir adelante, la creatividad, la energía y la determinación son más potentes que la falta de rigor, las irregularidades y el escaso sentido de la realidad.

Obviamente estamos ante una novela y esta es la trampa con la que se conquista al lector, pero es un truco en el que da gusto participar: creyendo que existe la posibilidad de reinventarse tantas veces a lo largo de una vida y que hasta los problema pesan menos cuando una se los toma poco en serio. 

El libro tiene como principal atractivo este ir y venir de fortuna, cambios de vida, subidas y bajadas... Junto con la capacidad de la protagonista para sobreponerse a todo. Queda reflejado perfectamente el ambiente cambiante de una sociedad en tiempo de crisis: se mezclan personajes decadentes con nuevos ricos, beneficiados por el cambio; fortunas que se crean y negocios que brillan frente a familias venidas a menos que tratan de sostener su antiguo modelo de vida. Mame se deja conquistar por ideas creativas, por ganas de hacer el bien y resultar útil y trascentende. Pero sus flaquezas son igualmente humanas: un ego desmesurado, cabezonería y ceguera cuando se trata de ser práctica.

Patrick empieza siendo su discípulo y admirador, para terminar siendo su cuidador, más lúcido y responsable que ella y más asustado que fascinado por las locuras de la tía. Ahí también reside buena parte de la ternura de la historia: el pequeño huérfano sobrevive a los cuidados de su tía y se convierte en un adulto medianamente 'normal' que siempre tendrá en su tía el ejemplo de un personaje que marca su infancia, la enriquece, la llena y la hace resultar verdaderamente digna de ser contada.

He leído críticas de lectores sobre este libro, que a todas luces yo recomiendo. Hay quien se espera un libro de 'humor' y afirma no haberse reído a carcajadas. Es obvio, dado que no es una novela para desternillarse de risa, sino para conmoverse y esbozar una leve sonrisa de comprensión, sorpresa y complicidad, pues las locuras de Mame son fruto de esos impulsos que a todos nos gustaría haber podido seguir en alguna ocasión pero ante los cuales el peso de la responsabilidad, la madurez y la seriedad nos frenarán siempre.

Por eso es amable ver a otros cumplir esas locuras. Es liberador. Es relajante observar que para el excentrico la vida no se desmorona. Es como un acto de justicia literaria que concibe personajes-héroes de la vida 'razonable', ya que su salida del cauce, su continuo pulso a la realidad no les vence y gracias a ellos todos salimos victoriosos de ese enfrentamiento ilusorio entre la fantasía y la realidad cotidiana.



:: CURIOSIDADES ::

Su autor concibió la obra como un conjunto de cuentos. Fue rechazado por 19 editoriales, pero el editor número 20 le convenció para que convirtiese su obra en una novela y obtuvo un grán éxito.

La obra, en su versión dramática o musical ha sida representada en numerosas ocasiones, triunfando en Brodway y contando con actrices de renombre, como Rosalind Russell, Angela Landsbury, Lucille Ball o Silvia Pinal.



:: MÁS INFORMACIÓN::

domingo, 24 de julio de 2011

El poder/peligro de las palabras



Desde que escribí mi primer libro los lectores (amigos en su mayoría) me sorprendían comentándome lo mucho que me habían visto reflejada en la protagonista de la historia. El primer libro que escribí era un relato infantil protagonizado por una niña ficticia de 10 años, y el desarrollo de la historia no daba lugar a perfilar mucho su personalidad o rasgos individuales. Aún así, me insistieron en lo autobiográfico de la historia (la niña viaja al 'Mundo de los sueños' para visitar lugares fantásticos y encontrar a un personaje totalmente irreal).

Esta sorpresa creció cuando publiqué el segundo libro. Se trata de una chica que deja de hablar, una protagonista femenina muda-patológica. Yo hablo por los codos, así que me resultó objeto de broma recibir numerosos comentarios preguntándome si la historia que contaba estaba basada en mi realidad. En mi vida.

Por más que quise analizarla no encontré paralelismos con mis vivencias, es más, siempre he creído que si narrase mi vida el resultado sería el libro más aburrido de la historia, puesto que no me ocurren cosas fuera de lo normal, mi vida es bastante tranquila y me ocurre lo mismo que a cualquier persona de mi edad, según voy evolucionando. 

Lo particular de mis historias, en mi caso, surge de explorar todos los 'y si...' Ahí es donde yo dejo llevar mi mente y donde construyo las tramas de mis escritos. No sé si a otros autores les pasará igual pero esa es mi licencia creatitva y mi forma de construir personajes creíbles en tramas menos reales o con una realidad más novelesca.

Es decir, presto mucha atención a las emociones humanas. No solo a las mías. Escucho a mis amigos, analizo mis sentimientos... Fruto de eso tengo repertorio para poder describir cómo una persona/personaje puede sentirse en determinada situación. Son sentimientos coherentes, o lo intentan ser. Pero cómo recrearlos o sacarlos a la luz... cómo atribuirlos a un personaje u otro... es la licencia creativa que me permite escribir historias verosímiles y realistas pero nunca reales.

Es cierto que me convierto en 'vampiro' de situaciones. Las ficho, las clasifico y las dejo en reserva para formar parte de una historia futura. Por ese motivo, habrá elementos totalmente reconocibles en lo que escriba. Pero su naturaleza ficticia hará que solo guarden parecido en la forma, el fondo será siempre diferente y libre, ante todo.
Hace poco me ocurrió una situación incómoda por este motivo, y me hizo preocuparme por el futuro de mi vocación literaria: un amigo se dio por aludido al exponer en un blog ciertas teorías sobre relaciones de pareja. Se sintió identificado en alguna palabra o frase, seguramente formulada por él en algún momento de nuestras conversaciones. Yo usé ese ejemplo para verter toda mi postura de 'hembra-autosuficiente' y algo criticona con algunas actitudes masculinas. Este blog tiene un tono irreverente y el alter-ego que firma los artículos responde a ese tono duro y poco dado a ñoñerías. Yo no soy así, y mucho menos en la intimidad. Pero mis productos literarios tienen diferentes voces según la personalidad de quien habla. Un blog, una novela en primera persona o una novela en forma de diario... son recursos expresivos para recrear ideas, construir realidades y darle vuelta a temas con cierto juego creativo basado en la libertad absoluta para crear (y RECREAR) situaciones.

Me pregunto si el día de mañana alguien más se podrá sentir ofendido cuando cree algún personaje que se les parezca, por haber usado referencias reales fruto de mi percepción del mundo. Mi entorno me pertenece porque es lo que configura mi forma de ver la realidad. Mis amigos forman parte de él y yo puedo atesorar bocetos 'humanos' en forma de experiencias o sentimientos que no necesariamente voy a usar con la pureza que merecen. Puede que los  mezcle o distorsione. Puede que de un amigo deportista y competitivo haga un personaje obsesionado con la victoria, o puede que de un padre ordenado y riguroso construya la figura de un padre dictatorial y poco afectuoso. ¿Deberán darse por aludidos mis amigos y familiares por cada elemento humano que puedan percibir parecidos a sí mismos?

Empezar todos mis escritos con la típica declaración de 'cualquier parecido con la realidad es una casualidad' me parece un exceso de autoprotección y siempre he abominado de tanta corrección y protección a priori. Pero la experiencia de tener que pedir disculpas a un amigo por haberle molestado con mis palabras es algo que me ha hecho pensar pues no me gustaría que mi libertad creativa se construyese a base de molestar a nadie.

Me gustaría saber si a alguno de vosotros, autores de ficción, blogs, artículos... ¿os ha ocurrido algo similar y habéis tenido que pedir disculpas fuera de lugar por un texto escrito sin malicia y abusando de vuestra libertad?

domingo, 12 de junio de 2011

Retos, frustraciones y conductas en la web 2.0



Me gusta la frase de Umberto Eco: "Si no puedo ser protagonista, elijo ser espectador inteligente".

Realmente este tiempo de desconexión he estado inmersa en asuntos personales, mucho trabajo interior y la energía puesta en reorganizar algunos aspectos de mi vida, que no están arreglados pero que ya toman forma y me permiten, por fin, retomar ciertas tareas que habían quedado aplazadas.

En estos meses sin escribir en el blog, la parte más cotidiana de la comunicación ha seguido captando mi atención. Tal vez de un modo más intenso porque mi silencio me ha permitido escuchar más, observar con otra mirada y apreciar matices que me han llamado mucho la atención.

He podido ser testigo directo de algo que ya he comentado en otras entradas, cómo vivimos el impacto de las redes sociales en la gestión de nuestras emociones.

Cierto que la comunicación siempre está impregnada de matices emocionales porque los sentimientos impregnan todo lo que hacemos, aunque no nos demos cuenta. La razón tiene su camino pero la emoción va más rápido (muchas veces) y actúa de forma silenciosa, sorprendiéndonos en ocasiones. Al aparecer otras herramientas de comunicación surgen otras necesidades para canalizar esas emociones a través de estos nuevos canales. Y no siempre nos damos cuenta de cómo nos afectan estos cambios.

He visto evolucionar la vida-online de muchos amigos... y he visto caer a algunos en la trampa de este juego de 'espejo' que produce el desdoblamiento de nuestra personalidad. ¿Quiénes somos realmente? ¿Qué parte de nuestro perfil público es 100% real?

No creo que sea nada nuevo, porque simplemente se trata de la convivencia entre nuestro 'yo-privado' y nuestro 'yo-público'. Pero la diferencia reside en que el 'yo-público' ahora tiene más peso, más papel. Y ya no basta con orquestar nuestro comportamiento en una reunión, una cita social o un diálogo 'face-to-face'; ahora se trata de controlar también al individuo que nos representa en FACEBOOK o en nuestro blog, o twitter.  No siempre es fácil porque una de las mayores dificultades de la comunicación (tanto la personal como la profesional) es el control del efecto que tiene un mensaje. La reacción ante lo que decimos no es fácil de predecir. Siempre existirá un margen de incertidumbre que ahora, con más facilidad para la difusión, se hace más grande. Y no todos estamos dispuestos a aceptarlo.

He visto a personas darse de alta y baja de estas redes. Aparecer y desaparecer, frustrados, al notar cómo esta segunda vida se les iba de las manos. A personas capaces de generar conflictos personales a través de comentarios en un muro intangible, que se han multiplicado al dar entrada a opiniones ajenas, espectadores salomónicos que han querido aportar su templanza metiéndose en conversaciones abiertas donde esta facilidad para intervenir no siempre ha aportado soluciones positivas.

También es frecuente observar el 'muro' como una manifestación de confesiones retóricas, sin destinatario aparente, en las que se lanzan mensajes certeros para cierto interlocutor, con el velo de la generalidad y la barrera del anonimato puesto ahora en el lado del receptor. Una forma casi cobarde de expresar sentimientos y emociones, que casi siempre tiene consecuencias.

Otro fenómeno relacionado con esta vida amplificada es el del perfil 'controlador' que no encaja bien con las herramientas que nos ocupan... blogueros empeñados en controlar el hilo de sus mensajes, y esforzados en combatir desesperadamente los comentarios menos positivos a sus entradas, dejándose la piel por gobernar un territorio sin ley en el que no terminan de encontrar acomodo porque parte del relax se encuentra en asumir esa parte de descontrol e incertidumbre que tendrá siempre la respuesta a nuestros mensajes, especialmente cuando nos demos cuenta de que en nuestras palabras e ideas, por muy lógicas y razonables que nos parezcan, irá siempre escondida una importante carga emotiva que nos desnuda, nos revela y, en ocasiones, nos va a esclavizar.

jueves, 24 de febrero de 2011

Las redes sociales en la vida cotidiana. Un enfado en la 2.0




Está claro que las tecnologías nos cambian la vida. Sucede en todos los ámbitos y en el de la comunicación no es para menos. Transforma nuestras rutinas, nuestra vida cotidiana... Y en muchos casos no nos damos cuenta.

En ocasiones las tecnologías son las mismas (en uno u otro ámbito... en casa o en el trabajo, con amigos o con clientes) pero el alcance y los comportamientos son diferentes, claro. Sin embargo, las habilidades o capacidades para dominarlos pueden resultar, incluso, similares. 

¿Os habéis planteado hasta qué punto estos nuevos usos y herramientas modifican nuestro comportamiento día a día?

Os pongo un ejemplo muy claro: un malentendido con una amiga. Me avisa por What's app que viene a devolveme una cosa. La veo y discutimos. Por el móvil me envía un sms tranquilizándome despues de la discusión. A la vez yo estoy usando What's app con otro amigo para desahogarme. Este amigo envía luego un mensaje privado por Facebook para preguntarle a la amiga cómo está. Al día siguiente, hablo con ella por el chat de Facebook para saber si está menos enfadada. A la vez mi amigo no da señales y le pregunto si se enteró del mensaje. Pero no me contesta hasta más tarde por mail. Le escribo una respuesta larga donde le doy mis argumentos. También escribo una respuesta larga para enviar por privado a mi amiga y a otra amiga común que tiene una postura contraria a la mía. 

Como pasan las horas y no sé nada de ellas, le envío un sms a la afectada. Pero me llama la segunda amiga para decirme que ella está ocupada. Hablamos y se preocupan de que en la historia no se haya recibido el interés o participación del amigo común. Le pregunto al amigo por mail si me ha leído. El amigo contesta a las amigas y a mí. Luego chateo un poco con la amiga enfadada. Nos aclaramos bastante. Estoy más tranquila, con Spotify escucho canciones que me relajan. Comparto alguna en mi muro de Facebook. Mi amiga sabe así que todo va mejor. Aviso a los demás de que el enfado es menor. Todos lo celebran. Ahora nos enviamos un sms de tranquilidad para que los afectados no se preocupen. Y por chat de Facebook mi amiga me gasta bromas para recuperar nuestro buen 'rollo'. Y ahora en los muros de Facebook, que se habían quedado algo parados, volvemos a publicar comentarios e incluso una cita para vernos todos de nuevo.

Han pasado dos días. Yo estoy exahusta. El enfado se ha resuelto de una forma eficaz. Gracias a las nuevas herramientas hemos podido hacernos un seguimiento minuto a minuto de nuestro estado de ánimo. No ha habido lugar para el vacío o la ausencia. Nos hemos acompañado. Hemos disfrutado de la cercanía que permite arreglar mejor un conflicto... Pero hemos acabado desbordadas. En 48 horas he tecleado cientos de argumentos, ideas, descripción de sentimientos, datos, disculpas... .me he enfadado, me he arrepentido...

La vida discurre de manera eficaz por estos canales pero lo hace a velocidad vertiginosa. Estoy contenta de contar con estas herramientas para haber podido expresarme con la mayor eficacia, pero también estoy completamente agotada e incapaz de explicar un dato más de nuestro pequeño malentendido.

Y ahora veo que en otro órden de influencia, esto que ha ocurrido en mi vida cotidiana es lo mismo que pasa día a día en otros ámbitos en los que la comunicación es protagonista. Y la forma de resolverlo no es muy diferente: multicanal, con diversos portavoces, sintonizando todos para coordinar las ideas, controlando cada uno su ámbito de influencia, trabajando todos en sinergia y apoyándonos en la mejor herramienta para cada mensaje.