jueves, 29 de marzo de 2012

La necesidad personal de comunicar... ¿emitir o recibir? ¿voz o silencio?



Llevo tiempo fallando a mis dos blogs. No me motiva escribir alguna de mis ideas o no les encuentro acomodo. Quizás porque hay etapas en las que apetece más escuchar. Sé que hay cosas que están cambiando, en mi vida (interna y externamente), y por eso mis necesidades cambian.

Un blog se abre con la idea de transcribir temas, ideas y asuntos que son tu centro de interés en un momento dado. Luego esos intereses cambian y por eso a veces pienso que lo mejor de los blogs sería si tuviesen una vida limitada. Una etapa: un reflejo temporal de un periodo de tu vida.

Mi interés por la comunicación es profesional, me dedico a ello. Pero lo que empezó con un interés concreto sobre el periodismo, la comunicación corporativa y el uso profesional de los mensajes ha pasado poco a poco a ser una preocupación más centrada en la conexión emocional de la comunicación. Cómo comunicamos según qué cosas y cómo nuestros mensajes pueden esconder emociones, o mostrarlas, o cambiar según las gestionamos.

Reconozco que no soy muy defensora del periodismo como profesión porque una profesión se convierte en un medio y los medios siempre son algo imperfecto e instrumental. Cuando estudias una carrera por vocación tienes el riesgo de sufrir el choque entre idealismo y realidad. La realidad del periodismo es como la realidad de cualquier medio de vida: una profesión en la que lo instrumental supera a lo esencial. No comparto el modo en el que se realiza la tarea informativa desde los principales medios y aún así estoy convencida de que se hace mucho bueno. Y que los niveles de profesionalidad, libertad y costumbre (estamos acostumbrados a estar informados) deben mantenerse. Pero son imperfectos. Hay intereses, hay desinformación y hay una cara oculta en la moneda que enturbia mi idealismo y me hace no estar muy orgullosa de ser periodista.

El modo en el que me gano la vida, en el departamento de comunicación de una empresa, tampoco está exento de todo tipo de errores. Es más, tiene un handicap inmenso: eres un informador profesional rodeado de 'no informadores'.  Como tu tarea pertenece al área de las ciencias sociales toma como partida una habilidad que se presupone a todos: todos sabemos comunicar. Se olvida que la comunicación profesional tiene un matiz que la especializa. Y en una empresa terminas siendo la que 'sube' contenidos a una web por orden de otros; la que usa textos (horribles) escritos por profesionales de otras áreas que sucumben al encanto de su torpe prosa o su creencia ferviente en que, salvo física cuántica, ellos saben hacer MEJOR de todo.

En las empresas existen 'naturalezas' diferentes: hay empresas innovadoras, que apuestan por la modernidad, por el trabajo en equipo y la gestión del conocimiento. En empresas con cierta creatividad la comunicación puede verse reforzada.

Pero hay empresas miedosas, donde se ejerce la disciplina como único mecanismo para creer que se garantiza cierta productividad y donde se confunde el rigor y la austeridad intelectual con la docilidad. En esas empresas la comunicación se convierte en un mecanismo simple para cumplir con ciertos objetivos limitados, sin visión, sin alcance. En esas empresas es triste gestionar nada relacionado con la comunicación porque no se contempla el fenómeno de manera global o profesional. En este tipo de empresas los comunicadores somos 'amanuenses' que 'picamos' texto, publicamos frases descontextualizadas y acompañamos, a veces, nuestros escritos con imágenes. Pero no puedes pedir que un texto cambie de enfoque para adaptarse a un público determinado o que un texto responda a una necesidad detectada de responder a una inquietud concreta de tu audiencia. No puedes pedir que las imágenes tengan sentido, simbolismo y mensaje y no vas a ser escuchado porque solo eres 'el que copia y pega'.

La profesión, en este área, por tanto, no motiva.

Y por eso mi interés en la comunicación va cambiando... Ahora mismo no quiero hablar, no quiero decir grandes cosas. Hace poco una mujer muy sabia me dijo que las mujeres que esperamos un bebé nos volvemos silenciosas. Miramos hacia adentro en vez de hacia afuera. Puede que ahora sea un buen momento para reflexionar y análizar cuál es mi interés real por la comunicación. ¿Es profesional? ¿En qué área? Me interesan las conexiones emocionales de los mensajes, y me interesa la vertiende psicológica de esta habilidad humana que es vehículo de nuestras ideas y nuestros sentimientos.

¿Cómo enfocar eso en un blog tan variopinto y con contenido tan desordenado? No sé si cambiándolo, si llevando el agua a otro molino y convirtiendo este blog en un blog reflexivo.

Me sigue gustando que en mi blog abunden las reseñas literarias. Me gusta leer y comentar lo leído. Me gusta dar referencias y compartirlas. Ese interés no ha cambiado solo que, igualmente, lo que leo me suscita reflexiones pero aún no tantas certezas.

Es una fase de reflexión y replanteamiento. De escuchar, que si bien lo pienso, es una forma de comunicación quizás muy positiva.

sábado, 31 de diciembre de 2011

LECTURAS :: 'Signatura 400'



Tenía atascada esta reseña. El libro sobre la mesa del despacho y el tiempo dedicado a lecturas nuevas y apuntes nuevos. La conclusión es obvia: no me ha dejado demasiada huella. Y fue de esos libros que adquieres con muchas expectativas (la temática, la edición, la innovadora colección... las primeras líneas...) pero es fácil captar la atención y crear sed de una historia que luego no transcurre. Es frecuente. No es un mal libro pero quizás esperé lo que no iba a encontrar en este simpático monólogo cargado de ironía, cinismo... ese tono ácido y respondón tan habitual en las primeras personas. Pero que al final resulta distante. 

El libro narra el diálogo (mónologo, como decía al comienzo) de una bibliotecaria con un usuario que se ha quedado encerrado toda la noche en su biblioteca. Es una excusa para conocer a este personaje único de la novela, esta mujer que estudiaba oposiciones y las dejó por culpa del amor. Un personaje-tipo que resulta anónimo entre tantas obras, entre tantos títulos y nombres célebres. Pero ella tiene personalidad, y así nos lo hace ver (al final también resulta un estereotipo en sí mismo: la aparente mujer invisible que tiene mucha vida interior y mucha reflexión y conversaciones consigo misma). El tema central es que no ocurre nada. Ni ella logra que el interés del lector avance, ni sus divagaciones conducen a nada más. Tal vez ese sea el encanto del libro. Tal vez sea solo un pasatiempo... recrear unas horas con esta mujer sabihonda que nos cae un poco bien pero un mucho cargante. Al final solo es eso. Y podría estar bien. Pero a mí me dejó indiferente. 

Leí reseñas favorables al libro. Buenas críticas a su autora, Sophie Divry, famosa internacionalmente por esta obra. Insisto... a mi modo de ver, sobrevalorada. 

Pero busquemos su lado bueno... tiene ideas curiosas, frases acertadas, reflexiones asumibles... No es una pérdida de tiempo en absoluto. Es solo eso, un rato de lectura a través de poco mas de 100 páginas de una voz sin demasiado que contar o ya contado. 

Me quedo con un pasaje aprovechable:

"Escribir es sexual. Uno no se encierra die horas al día para escribir si todo le va bien en la vida. La escritura solo llega cuando algo no funciona. Si todo el mundo fuese feliz en la tierra no se escribirían más que recetas de cocina y tarjetas postales, no habría ni libros, ni literatura, ni bibliotecas."

Y poco más. Una reseña que se atascó porque no recomendaría el libro. Lo siento. Siempre creo que cada libro tiene un lector adecuado o un momento para que tenga cabida. Quizás al esperar poco el libro guste más. 


FELIZ AÑO NUEVO Y MIS MEJORES DESEOS PARA 2012.

viernes, 14 de octubre de 2011

LECTURAS :: 'Un extraño en mi vida'


La infidelidad siempre me ha parecido un tema apasionante para concebir una novela. La condición humana esconde contradicciones que no siempre es correcto analizar y no siempre es posible hacerlo con dando en su clave fundamental. Evan Hunter logra, en esta novela magistral publicada a finales de los años 50, sacar a relucir la carga emotiva, social, formal y la esencia de las relaciones de pareja.

La historia está condicionada por su contexto, así que los protagonistas viven sus matrimonios felices y estables dentro de la sociedad norteamericana de la época, dando salida al sueño americano en plena ebullición: buenas casas, profesionales liberales que empiezan a combinar la riqueza con su prestigio, frente a trabajadores menos brillantes pero con los mismos sueños de mejora. La placidez de un vecindario, la diferencia en el rol de cada género... el ama de casa tradicional que comienza a plantearse dudas sobre sus opciones... Y todo ello dando lugar a una vida aparentemente en paz que, sin embargo, no impide que el tedio, la calma, el aburrimiento o el deseo de conquista, la necesidad de sentirse aún vivos, lleve a los protagonistas a asumir una segunda vida, una relación extramatrimonial, un lío, una locura pasional. Pero, ¿es simplemente eso? ¿Se reduce solo a un conflicto moral? Porque detrás de esta eterna historia de la condición humana, no es todo frivolidad y ligereza. La pasión nos define y nos hace vernos con más autenticidad que nunca. ¿Enamoramiento real? ¿Necesidad de elegir? ¿La pasión o la estabilidad? Acaso convertir esta relación novedosa y chispeante en una nueva vida estable, ¿no terminaría por iniciar una nueva cadena de acontecimientos similares?

Esta novela es capaz de recoger todas estas cuestiones y estas reflexiones y ponerlas sobre la mesa con la maestría de un thriller psicológico. El protagonista, Larry Cole, es un arquitecto de éxito casado con una mujer a la que ama y padre de dos niños. Sin embargo, una atracción inevitable le hará fijarse en su vecina, Margaret Gault. Una relación inesperada y con una fuerza arrolladora que pondrá patas arriba la serena vida de sus protagonistas. Pero todo transcurrirá sin alterar, aparentemente, la quietud y la serenidad de la vida ordenada y habitual de ambos. La fuerza de la costumbre, el peso del cariño frente al deseo arrollador y desequilibrado... La situación es más común de lo que parece y con esta vivencia, ambos comprobarán que la infidelidad existe aunque se oculte. La dualidad de sentimientos es algo real, aunque la sociedad solo permita abordarlo desde consignas morales.

La novela está muy marcada por la descripción de un modo de vida propio de la época y el entorno, pero los temas que trata, y el enfoque emocional, terminan por convertir este relato en una descripción universal de sentimientos y situaciones que aún hoy no hemos resuelto.

Evan Hunter es el pseudónimo de Salvatore Albert Lombino, nacido en Nueva York en 1926. Tuvo una extensa carrera literaria dividido entre dos líneas de trabajo: sus novelas 'serias', publicadas bajo este alter-ego, y sus novelas policiacas, que firmó como Ed McBain. Escribió numerosos guiones de cine, y fue quien adaptó el relato de Daphne du Maunier, 'Los pájaros', para Hitchkock.

La novela tiene un difícil comienzo, pues cuesta entrar en el tema y asimilar la identidad de cada personaje. El autor va describiendo situaciones prácticamente de la mano de sus protagonistas. No hay aclaraciones, no hay facilidades para el lector que tiene que acometer la tarea inicial de hacerse con la historia. Recuerdo que cuando iniciaba su lectura me planteé si merecía la pena seguir adelante con una historia en la que no llegaba a identificar a sus protagonistas después de unas cuantas páginas. Me alegro de haber elegido seguir, porque ha resultado una lectura lenta pero muy 'nutritiva'. Me terminó por atrapar y hacer sentir empatía con su protagonista aunque el tono de Hunter es muy 'masculino' y se ve muy influido por el machismo de la época. Pero finalmente, tal vez por ello, la obra y las reflexiones resultan muy honestas y conectan con mi propio punto de vista para lograr, al menos, un diálogo. Y esto es mucho pedir para un libro: te hace pensar, te lleva a cuestionar al autor, te preguntas sobre tu propia postura y, a pesar de la lejanía del contexto social en el que se desarrolla, el relato te permite adaptar las pautas generales al momento presente.


CITAS:


“Ella se había convertido para él en La Mujer. No en su mujer, sino en cada una de las mujeres que había conocido y hubiera deseado conocer."

“Quería saber cosas sobre su esposa. Para ella era la atractiva morenita que había llevado a Chris a la parada del autobús, la mujer cuyos ojos ella había evitado. No intentó captarse su simpatía. Ya le había robado bastante. No deseaba más.”



“Tengo un armario lleno de etiquetas: arquitecto, esposo, padre, hijo, competidor, gruñón, hombre. Coso las etiquetas en mis prendas, pero los trajes nunca me sientan bien. Bajo todo ese tejido, ¡estoy yo! Y nunca soy realmente yo.”

[...]

“¿Qué sucede cuando los valores se transforman? ¿Qué sucede cuando toda la vida has creído en el honor, la confianza y la decencia y de repente descubres que también eso se ha convertido en etiquetas? ¿Cómo puede uno distinguir lo que está bien de lo que está mal, si de repente se cambian los papeles, y el mal se convierte en bien?”


“¿Había sido su ansia un simple rebelión, o un retroceso al dominio de los sentimientos animales? ¿No había encontrado algo seguro, el sexo, en medio de un mundo de incertidumbres? ¿No era una realización en un mundo de sueños y de propósitos frustrados? ¿Por eso había buscado a Maggie? ¿Por eso había seguido con ella?”

sábado, 8 de octubre de 2011

LECTURAS:: 'Las chorradas de mi padre'


Al autor le ha dejado su novia. Tiene 28 años y se ve obligado a vivir de nuevo con su padre, de 73, quien nunca se calla las opiniones irreverentes y políticamente incorrectas que tiene acerca de casi todo. Justin recoge estas manifestaciones abruptas, chocantes y propias de una personalidad muy particular y crea un perfil de Twitter: @Shitmydadsay, que poco a poco va ganando seguidores. Esta particular novela de humor está basada en estas "chorradas" que dice su padre, y el resultado es una aproximación hilarante a la figura de un hombre que parece estar de vuelta de todo y no cae en los tópicos sociales más habituales pero que encierra, tras su tono rudo y poco amable, un amor sincero y auténtico hacia su hijo y su familia.

Es un libro ligero, rápido, que se lee fácil y que te engancha por la empatía que desarrollas con el autor. ¿Quién no ha sentido que su vida no sale según lo planeado y quién no ha tenido los escépticos ojos de su padre o madre como testigo de errores y aportando esa mirada tolerante o demasiado sincera que sirve de espejo?

Personalmente, he caído rendida ante la personalidad de Sam, el padre de Justin. Quizás porque siempre me ha dado alergia la máscara de excesiva dulzura que veo en algunas personas, o tal vez porque mi propio padre y mi abuelo paterno siempre me reconciliaron con este tipo humano, 'duro por fuera pero blando por dentro'. También me engancha la lucidez que una visión realmente desnuda de artificios es capaz de aportar sobre las cosas, y me convence la versión del amor incondicional, muy 'de padre', que ofrece el protagonista... pues precisamente es en medio de los errores del autor donde el apoyo paterno sale a relucir más auténtico que nunca, sin hacer incompatible la rudeza con el cariño.

Imagino que este libro o te encanta o sales huyendo. Si eres de los que prefiere la forma al fondo, o si aborreces el estilo descarnado y algo agrio como tono predominante en una relación paterno-filial, no te aconsejo su lectura. Pero si eres dado a reír casi de todo, y te atrae, precisamente, la 'toma de tierra' que supone conectar con esa capacidad de reír de uno mismo, este libro puede ayudarte a sentirte muy cerca de Justin y su padre, y tal vez a conectar con el tuyo, o a adoptar parte de esta filosofía de vida minimalista, llana y básica que encierra grandes verdades en un envase de ironía, crítica descarnada, exabruptos y salidas de tono.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Frustración en la red



Es una situación frecuente, amigos y conocidos que tras una intensa e ilusionada actividad en las redes sociales terminan por colgar el cartel de 'cerrado' o 'me voy de aquí'. Detrás de esta marcha se percibe o se lee su frustración. Participaron con buena disposición y quisieron usar este canal como una nueva ocasión para compartir y estar en contacto con sus amigos o conocidos. Pero algo salió mal. ¿Qué ha ocurrido? No es un hecho aislado y las razones que esgrimen cuando lo explican a los amigos que dejan en este 'barrio digital' suelen contener razones como las siguientes:

_"Me voy a centrar en la vida real"...

_"Necesito tiempo para dedicarlo a las cosas reales"...

_"Esto no es para mí"

_"Me encontraréis en el email, tlf, etc." (los modernos canales que ahora ya son los 'tradicionales').

Es un fenómeno lo suficientemente repetido y similar como para poder echar un vistazo y pretender extraer algunas conclusiones para explicarnos por qué ocurre esto.

Mi percepción es la siguiente: la pertenencia a estos canales de comunicación estimulan sentimientos y sensaciones que hasta la fecha no tenían tanto peso en nuestro día a día, o que lo tenían pero en otros ámbitos que sabíamos controlar mejor. Entre estos sentimientos se encuentra, como no, la necesidad de ser aceptados. Estamos en un entorno social y la comunicación deja de ser bilateral. Nuestra actividad en las redes es algo visto por otros. Es una faceta pública de nuestra vida. No hace falta que contemos o mostremos algo íntimo, esa es la falacia, ya que simplemente con comentar algo o proponer una idea nos estamos exponiendo a ser aprobados, rechazados, comprendidos o juzgados. 

Los ojos ajenos están ahí y condicionan siempre nuestro comportamiento. Participar en estos ambientes digitales nos genera una expectativa que no podemos negar y de ahí surgen necesidades con las que no contábamos: la necesidad de RELEVANCIA (nos gusta que algo ingenioso sea comentado, aplaudido y festejado), de APOYO (unirse a nuestra causa, nuestra protesta o nuestra alegría), de ÉXITO SOCIAL (cuántos amigos tengo, cuántos seguidores tiene mi comentario o ingenio)...

"Surgen necesidades con las que no contábamos: necesidad de relevancia, de apoyo y éxito social"

Para quienes no están acostumbrados a medir el impacto de un mensaje y quienes no están acostumbrados a medir el efecto emocional que puede generar un acto de comunicación en red, controlar nuestra actividad en una red social y sentirnos satifechos con nuestras expectativas puede ser algo complicado. 

A esto unimos la dificultad que conlleva la comunicación por escrito. Nos faltan datos... la expresión de nuestro rostro, la emotividad que conlleva esa idea... No es difícil generar verdaderos actos de incomunicación en la red. Basta que surja un malentendido entre un pequeño grupo para ver cómo esa dificultad para entenderse crece con la participación de unos y otros. Quienes en ocasiones normales permanecerían al margen, intervienen... a veces mediando, a veces intentando pacificar... El factor tiempo distorsiona las emociones. Quien lee la historia en frío y con lejanía se atreve a 'templar gaitas'  y ser muy políticamente correcto, mientras que quien entra en lo más profundo del debate y se ve afectado por algo que ha sido malinterpretado o rechazado se ve de lleno en el centro de un acto de 'rechazo social' del que recibe hostilidad tan solo por no estar actuando con la suficiente sangre fría y distancia.


"Aprenderemos a modular el grado en el que nos implicamos"

Es difícil lograr empatía en red. Y un enfoque psicológico nos llevaría a abordar la emoción que se desarrolla en los comportamientos grupales. Estar en una red social deja de ser un acto individual para ser parte de nuestra actividad en relación con otros... Y esta actividad a veces es agotadora. 

Entiendo a quienes se han marchado de estos entornos y creo que poco a poco asistiremos a una regulación y moderación de la actividad que se desarrolla en las redes sociales. No creo que dejen de existir ni se extingan pero aprenderemos a modular el grado en el que nos implicamos. Haremos perfiles diferentes para nuestras diferentes facetas de relación y mediremos mejor cómo nos manifestamos en ellas. 

No siempre seremos capaces y seguro que la frustración nos acompañará en buena parte del camino porque es imposible controlar el comportamiento humano y no podemos controlar las reacciones que producen nuestros mensajes. Tampoco podemos garantizar que siempre seremos entendidos y evitar que se nos malentienda. Pero, con un poco de suerte, adquiriremos algo de madurez en nuestra actividad social en internet y no caeremos tan fácilmente en la frustración cuando no alcancemos el nivel de éxito social que esperamos o cuando no logremos la relevancia que queremos obtener. 

Y en cuanto a esa sensación de que 'Facebook no es la vida real', quizás resume muy bien la falsa imagen que nos puede generar en ocasiones, ya que no olvidemos que la necesidad de atención, relevancia, éxito y aprobación social muchas veces enmascaran la necesidad de afecto que tenemos y esto no lo podemos buscar aquí.