viernes, 12 de septiembre de 2008

Comunicar mucho, sin hacer ruido

Los chicos de Territorio Creativo dan en la diana con bastante frecuencia al elaborar sus entradas, y sacan a relucir aspectos y cuestiones que todos los que nos dedicamos a la comunicación de empresa nos hemos planteado en alguna ocasión.

Me ha gustado especialmente su reflexión sobre “Con los Social Media, siempre hay cosas que comunicar”. En el campo de la comunicación de empresa este asunto tiene su lógica aplastante: en un contexto en el que abunda la difusión de mensajes, cabe pensar que todo fluye y la renovación debe ser continua. Y así es. La práctica te demuestra que si no haces ruido, si no adoptas un papel activo y te mantienes presente en tu ámbito de actuación, dejas de existir y la fuerza de tu imagen se resiente.

En un primer punto, mi tendencia natural es criticar este hecho: si hay tanta abundancia informativa, si hay tanto exceso de mensajes, si todo va tan rápido… ¿no será mejor canalizar el esfuerzo para ofrecer sólo lo interesante y sólo contenidos de calidad, aunque no compitamos por esta presencia constante e indiscriminada? ¿no pierden efectividad nuestros mensajes si son tan repetitivos? ¿merece la pena el derroche de recursos que obliga a producir contenido constantemente?¿no agotamos nuestra capacidad para suscitar interés?

Sin embargo estas cuestiones no se resuelven razonando en esta línea (al menos en lo que he podido observar con la práctica), sino que sigue primando la necesidad de multiplicar los mensajes pero con matices.

Por tanto, nos encontramos con lo importante que puede ser producir contenidos de calidad pero no por ello debemos olvidar que “lo mejor es enemigo de lo bueno”, y que los plazos para el trabajo en la cocina no deben impedir que nuestro ritmo sea acorde con el del mercado. Es decir, según a qué se dedique nuestra empresa tendremos que localizar cuál es el grado mínimo de presencia que nos podemos exigir para mantener una cita constante con nuestro público.

Para mí esto ha resultado un dato determinante: la adaptación al entorno. Porque es cierto que la comunicación se vuelve cada vez más extensa y se multiplican el espacio en el que poder tener cabida y ubicación, por eso es interesante saber determinar los diversos marcos de influencia en los que nos queremos mover. No actuaremos igual si nos movemos en el marco de influencia más cercano (nuestro sector profesional, nuestro mercado más concreto) o si tratamos de tener una repercusión más amplia (responsabilidad social, interés general…).

En este sentido, sí creo que hay que dar a cada uno de estos círculos un flujo de mensajes diferente, aunque no nos queda otra que exprimir la creatividad y encontrar lo noticiable con cierta agilidad, pues la realidad es que la multiplicación de oportunidades de comunicar no nos exime de la obligación de resultar medianamente interesantes.

Se nota mucho, de hecho, cuando una empresa adopta el hábito de lanzar mensajes por doquier y el contenido de los mismos es nulo o reiterativo. Al final, esta reputación de “ruidosos” se extiende a todas sus comunicaciones y se convierten en la típica marca cuyos mensajes borramos del buzón de correo sin mirar.


Conclusión:

- Entre ser “ruidoso” y ser “invisible” la clave está en marcarse un ritmo, un hábito que nos permita actualizar nuestra presencia de manera constante.

- Este ritmo deberá estar ajustado al marco de influencia en el que nos movamos y tendrá en cuenta lo dinámico que sea este entorno y nuestra competencia.

- La capacidad de producir mensajes, no obstante, deberá ser fruto de nuestra capacidad para identificar el contenido noticiable. Las fuentes para encontrar este material pueden ser varias:


  • el feedback con nuestro público: dando respuestas a demandas de información que hayamos detectado.

  • la actualidad del marco socio económico: explicando el efecto de los condicionantes externos sobre nuestra actividad, o el papel de nuestra organización ante la realidad del entorno.

  • cifras, balances y datos cuantitativos: de vez en cuando es posible recopilar toda la información acumulada en nuestro organismo y ofrecer información numérica estructurada.

  • tendencias: basándonos en nuestro contexto y posición privilegiada, es útil ofrecer la visión de un sector del mercado que podemos (y debemos) conocer con precisión y sentido crítico.


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