domingo, 5 de octubre de 2008

Una nueva sensibilidad

Lo políticamente correcto se va introduciendo en nuestra vida cotidiana como una costumbre. Un nuevo hábito que se asume y se asienta. Sin necesidad de pensar más en él. Ayuda cuando esta calificación es común y cuando se impone de manera colectiva. Pero es curioso cuando la dimensión íntima y personal de este fenómeno tiene lugar, entonces nos damos cuenta de que debemos incorporar un nuevo cuidado o una nueva precaución para no caer en formas que puedan mostrar falta de respeto o molestar. Este tipo de situaciones nos hace ver, también, que no somos inmúnes a la adquisición de ideas preconcebidas o prejuicios. Aunque prejuzgar no sea siempre algo negativo, pero sí una forma de visualizar nuestra mente esponja y cómoda. Nos adaptamos al contexto y creamos ideas preconcebidas que no notamos apenas.

A mí me ocurrió hace una semana con una de mis alumnas. Doy clase de ballet clásico a niñas, y el martes vino a clase una niña nueva, de 6 años, morenita, con rasgos extranjeros muy definidos. Estábamos presentándola al resto de compañeras y le preguntamos cómo se llamaba, si había hecho ballet antes y yo le pregunté de dónde era. Su respuesta me dio la dimensión de mi punto de vista: "De España", me dijo, extrañada.

Obviamente. Ella era española. Yo asumía que el origen de su familia la hacía más arraigada al país de sus padres que al suyo, cuando para ella no había duda. Ella era de España. Y yo, una idiota, porque en periodismo aprendí que una da muestra de su inteligencia en función de las preguntas que hace.

1 comentarios:

Laura dijo...

Ay, qué buena anécdota. Qué ilustrativa, cuánto tenemos que cambiar en nuestra forma de mirar ciertas cosas...